MARÍA IZQUIERDO: El mural que nunca existió.
- Dan Domer
- 1 dic 2025
- 3 min de lectura
Actualizado: 19 dic 2025

La historia oficial del muralismo mexicano suele contarse como una gesta heroica: tras la Revolución, tres titanes — José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros — convirtieron los muros en lienzos monumentales donde el pueblo, la historia y la utopía socialista cobraban vida. La narrativa es poderosa, y durante décadas fue prácticamente incuestionable. Pero hay un reverso menos contado: el muralismo también fue un territorio de monopolio, de exclusiones y de silencios impuestos.

En 1945, la pintora María Izquierdo fue invitada a realizar un mural en el Palacio de Gobierno de la Ciudad de México. Era un hecho histórico: sería la primera mujer en tener un encargo de tal magnitud. La artista ya había ganado prestigio internacional, exponiendo en Nueva York y contaba con el respaldo de críticos como Antonin Artaud. Sin embargo, apenas iniciado el proyecto, el encargo fue cancelado. ¿La razón? Los muralistas varones presionaron para impedirlo, alegando que Izquierdo no tenía la "capacidad física" ni el "alcance artístico" para semejante empresa. Ella denunció públicamente el atropello en la prensa:
"En México, se niega a la mujer el derecho de expresarse en los muros de sus edificios públicos".

El episodio marcó una fractura profunda en la historia del muralismo: la exclusión de las mujeres no fue casualidad, sino regla. No fue el único caso. Otras creadoras como Aurora Reyes — considerada la primera muralista mexicana — lograron pintar murales en espacios sindicales o escolares, pero jamás obtuvieron los encargos institucionales de gran formato que sí monopolizaron los "Tres Grandes".
Décadas más tarde, artistas extranjeras radicadas en México como Leonora Carrington o Remedios Varo tampoco pudieron incursionar en el muralismo institucional, a pesar de sus aportaciones fundamentales al arte del siglo XX. Su universo onírico se confinó al caballete y al círculo surrealista, pero nunca a los muros oficiales. El poder de los muralistas no se limitaba a los muros: también controlaban las exposiciones, los espacios y las narrativas.

Diego Rivera, por ejemplo, tenía una influencia decisiva en el Salón de la Plástica Mexicana y en la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, donde se decidía quién podía exponer y quién no. Siqueiros, por su parte, encabezaba gremios que vetaban a artistas ''no alineados". El muralismo, que en teoría debía ser un arte colectivo y emancipador, terminó operando como una maquinaria de exclusión.
El crítico Luis Cardoza y Aragón, guatemalteco exiliado en México, ya lo señalaba con ironía en los años cincuenta: el muralismo había caído en una "dictadura estética", donde todo lo que no fuese realismo monumental era tachado de "burgués o decadente". Y mientras tanto, corrientes como la abstracción, la experimentación surrealista o incluso el arte popular quedaban marginadas del canon oficial.
El Mural que Debió Ser: El proyecto que reivindica la obra de María Izquierdo

Aún con las limitantes que María Izquierdo tuvo para realizar el mural, en marzo de 2021, este polémico mural vio la luz y lo hizo a través de las manos de 110 mujeres en El mural que debió ser. Este proyecto organizado por Dea López, curadora y artista, reivindica no sólo el mural de María Izquierdo, si no el trabajo de todas las mujeres artistas.

Basándose en el boceto original, artistas, curadoras, historiadoras y amigas de entre 15 y 27 años, pintaron el mural que plasma a una mujer desgranando un elote dorado al mismo tiempo que una niña aprende a trabajar el campo, mientras una puerta separa el mundo rural de la ciudad, en donde varias mujeres trabajan el maíz cosechado en máquinas. El boceto original se respetó, pero esta versión intercambia por mujeres a los hombres que había en el original, con la finalidad de darle aún más protagonismo a las mujeres trabajadoras que siempre han luchado contra un sistema dominado por el varón y por aplaudir la resistencia de María Izquierdo ante la negativa de sus colegas hombres para realizar su trabajo mural.
El mural que debió ser se encuentra en la calle Aldama, número 222, del barrio de Jalatlaco, en Oaxaca de Juárez. Este mural tardó aproximadamente 4 días en realizarse, pero la lucha por visibilizar el trabajo de las mujeres artistas durará toda la vida. Así que hoy tiene mucho más sentido la frase que pronunció la propia María Izquierdo:
«Es un delito nacer mujer; es un delito aún mayor ser mujer y tener talento».





Comentarios